Un fogón para nuestras más puras tradiciones


A Coralíe, Marina y José María.

Cuentos de Fogón

EL OTRO TIRO


Juan desviraba unos tientos en la cocina, a una cuarta del brasero. Tenía frío. Se sentía afiebrado. La mojadura del día anterior, encerrando las overas, le estaba mandando la cuenta. Pero silbaba. Bajito. Siempre silbaba.
   Rosa, a cada pasada, lo miraba de reojo, como midiendo la cancha para ver si podía echar a correr lo que tenía para decirle. Pero entre amago y amago se fue haciendo noche y el apurón de cocinar para seis no le dejó tiempo. "En la cama", se dijo; y con las manos temblándoles entró a picar cebolla.
    La "mayora", de paso por la cocina con un atado de ropa sucia, preguntó a su madre si quería que la ayudara; pero ésta se negó con un gesto parecido a una sonrisa:
    ---No, hija. Terminá con eso y llamá a tus hermanos. Que vengan adentro ya; que está haciendo mucho frío y en un rato vamos a comer. Ya bastante han jugado por hoy.
   El chiflido de Juan le ahorró el trabajo a la muchacha. Los tres varones que bochincheaban en el patio tenían bien aprendido ese mandato al modo tropero de "¡Adentro!".
   Rosa lo miró y él sonrió, con ternura.
  ---¿Te falta mucho? ---preguntó ella, con la vista nublada; y no precisamente por la cebolla.
   ---No; tres larguitos más y ya'stá.
  Entre el "tres larguitos" y el "¡A la mesa!", tres cuartos de hora que pasaron sin cruzar palabra. Comieron. Rosita y el más chico a lavar los platos, Juan a armar un negro, Rosa a apurar a los otros dos con las tareas adeudadas a la escuela, la chacota de costumbre, alguna reprimenda por las travesuras declaradas y las que no; y la hora de ir a la cama, que entre una cosa y otra se les vino de atropellada.
   ---Los chicos ya están dormidos --dijo Rosa; sentándose al filo de la cama para sacarse los zapatos pie con pie.
   ---Metete ligerito a la cucha que hace frío.
   Camisón puesto de apuro, última estirada de cobijas y el brazo en arco del Juan, abriendo el hueco para encerrarla  en un abrazo que, como cada noche, terminó haciéndose un incendio.
   ---Juan...
   ---¿Qué, mi Rosa linda?.
   ---Tengo que decirte algo.
   ---Si es por plata, olvidate.
   ---Es muy serio
   Juan vió el relumbrón de un mal anuncio en la mirada de la mujer y se sentó.
    ---¿Qué pasa?
    ---Estoy embarazada.
   Mordiéndose el labio; con toda la sangre agolpándosele en la cara, Juan se levantó y pegó un puñetazo contra la pared.
    ---¿Que estás preñada?
  Y otra vez, entrecerrando los ojos, como si lo que acababa de escuchar no pudiera entrar en sus entendederas
    ---¿Preñada?
    ---Juan. Vení, Juan...

No sabía Rosa. No sabía. Desde el Luisito, cinco años atrás, Juan ya no sirvió "pa' padrillo", como  decía para sus adentros cuando el asunto lo atormentaba. Nunca le dijo a la mujer que en aquella rodada con el alazán de Giménez, el apretón en la entrepierna lo había dejado "vacío". No quiso que supiera nunca lo que en el hospital le habían dicho y que él mismo no acababa de entender. Ya iban cuatro hijos. ¿Para qué? No iba a decirle él, justamente, con su orgullo de hombre al que el destino le había puesto una manea: "Ya no sirvo más p'hacer hijos".

A la aclarada, el sulky de la policía, con el comisario a las riendas y un sargento de mal mirar apoyado en el pescante, se abría paso entre algunos peones y mujeres de la estancia que se habían acercado a curiosear.
   En el primer barajar de preguntas, el comisario se anotició de que esa noche se habían oído dos tiros de escopeta. Pero la muerta tenía "un solo boquete'e perdigones", según el sargento que acababa de revisar el lugar, 
 ---Acá me dicen que se escucharon dos tiros. ¿Y el otro? --preguntó el comisario, dividiendo la mirada entre el sargento y quienes decían haber escuchado los disparos.
  ---En la pared del lado de la cabecera de la cama; a la altura del crucifijo --dijo el sargento.
   Y a espaldas del policía, un comedido de los que nunca faltan:
   ---No se erra un 12 grande a dos metros.
  Doña María Luisa, comadrona del pago, lágrima y pañuelito en yunta, dijo al punto:
   ---El otro tiro no se lo quiso acertar..
   El comisario apartó a los curiosos y se acercó a la viejita:
   ---¿Y por qué piensa eso, doña? ---dijo, poniéndole una mano en el hombro.
   ---Por piedá, señor comisario.
   ---¿Por piedad?
  ---Vea, señor comisario: yo lo traje al mundo al Juan con estas manos. Como le traje a la Rosa esos cuatro angelitos que aura quedan güerfanos, con la madre muerta y el padre preso. Es como si juera mi propio hijo, el Juancito. Un santo, pobre cristo. Aunque haiga hecho lo que haiga hecho.
  ---Comprendo, pero... usted me va a disculpar: no le entiendo lo de la piedad
  ---Vea, señor comisario; yo no he de saber decirle si un tiro era justicia o no; porque ese crío que la Rosa llevaba en la panza y que yo lo sabía porque ella vino un día a contarme, no tenía culpa'e nada, pobre angelito'e Dió. Pero dos tiros eran crueldá; y por más que se haiga cegao, el Juancito es güeno, no es de hacer crueldades.

En el camino de vuelta a la comisaría, el sargento, que había cambiado el mal mirar por uno de compasión, le dijo al comisario, sin sacar la vista del lomo del caballo: "Pa' mí que el Juan, de dolido por lo que la vida te trajo en desgracia, le sacudió el otro perdigón al crucifijo".


1 comentario:

  1. Antonia Di Pasquale1 de febrero de 2016, 17:19

    Este cuento me hizo poner la piel de gallina. De quien es?

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CUANDO LOS GRANDES HABLAN, LOS CHICOS APRENDEMOS

Más de una vez dije donde pudiera y cuadrara, que el folklore argentino estaba siendo invadido por músicas de otros "alláses" y monedas malamente ganadas, conveniencias discográficas y acomodos políticos de muchos "acáses".

Y me han dado por el lomo para que tenga y guarde cada vez que le apunté la flecha a esa cosa indigna de las más puras tradiciones nacionales que sigue llamándose "Festival Nacional de Folklore de Cosquín", pero que en los últimos años no ha sido sino un lamentable circo en el que presentan a los payasos como leones y a los verdaderos leones, como esta catedral del canto paisano que es Don Víctor Velázquez, ni los dejan asomar el hocico a la pista.

Y digo cosa indigna porque, además de bastardear el escenario mayor de nuestro folklore, olvida deliberadamente a los grandes que hicieron grande a Cosquín y a los que no sólo se les debe el reconocimiento y el respeto merecidos por lo mucho que le han dado al folklore, sino por su edad, que no es otra cosa que un riquísimo acopio de sabiduría y el reservorio y reaseguro de una gran parte de nuestra esencia cultural.

Por suerte para mis pensares y sentires, como supo decir otro gigante de nuestra música nacional, Atahualpa Yupanqui, aquí está Víctor diciendo con palabra certera y llana lo mismo que a mí me ha granjeado más de un flor de fustazo por el lomo de las ideas cada vez que dije lo que ahora estoy diciendo. Y que seguramente me hará ligar unos cuantos más en tanto tenga vida.

Escuchémoslo. Y aprendamos...



DE CHACOTA, PERO NO TANTO

"VOY DOS PESOS AL ALAZÁN DE PLUTARCO"


Hace apenas unos 25 siglos, Don Heráclito, un filósofo muy mentado en las carreras cuadreras de la antigua Grecia, dijo, sin que se le moviera una ceja, que ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces porque ni el hombre ni el río serán los mismos.

Un tiempito más tarde, en el mismo barrio del Oráculo de Delfos, le saltó un tal Plutarco a llevarle la contra, diciendo en un tweet que ese asunto no es tan así, porque el río se dispersa y se junta de nuevo, se acerca y retrocede; cosa en la que estoy muy de acuerdo con el Plutarco (y que me disculpe don este hombre, pero jamás le pondría semejante nombrecito a un hijo mío, pobre angelito de Dios) porque aunque el Heráclito tenía razón en cuanto a que el hombre que cruza por segunda vez el mismo río ya no es el mismo hombre, el Plutarco, a mi juicio (y no oral, como le está por caer a un reciente ex vicepresidente domiciliado en un médano marplatense), le acierta mejor la flecha a esta cuestión tan peliaguda.

Poniéndonos a filosofar gratarola acerca de este asunto de si el río cambia o no cambia y sin achicarnos ni un milímetro frente al Heráclito o cualquier otro griego del oficio de filosofar, cosa que puede hacer cualquier chichipío, como podrán apreciar, hay que ver cómo cambian de lo lindo algunas gentes, según las conveniencias, los nuevos gustos, la plata que les venga, la fama que los engorde o las suertes que les caigan en contra (que es cuando más muestran lo que tiene el nombre del lado contrario de la taba); y cómo, al revés de éstas, muchas personas se mantienen siempre igual, parejitas en su buen modo de ser, de andar por la vida, de dar su corazón a quienes los aman, de honrar la amistad, de respetar a todos, sus ideas, sus creencias, sus gustos; sin que las hagan cambiar los cascotazos que liguen o los éxitos que alcancen, por grandes que sean. (A algunos los cambia la política y la guita que le afanan al pueblo, pero eso da para otro "editorial" como éste; pero de unas tres mil páginas)

Y va que en ese vueltear de conveniencias para los ríos cambiantes que le dieron letra al Heráclito para mandarse ese filosófico discurso en la puerta de la verdulería que había puesto a medias con un amigo filósofo que habían echado de Carta Abierta Griega, no faltan los que te hacen saber --por ahí con palabrerío muy estudiado para que no se les note la hipocresía, por ahí con gestos señaladores porque no les da el cuero de la palabra-- que ya no son tu Margarita, que ahora les llaman Margot. Y a otra cosa, mariposa: ahora tengo chiche nuevo y no te lo presto. Si querés, comprate.

Y por más que se me retobe el Heráclito, que habrá sido muy filósofo y muy griego, pero al fin de cuentas un mortal más, con sus aciertos y sus yerros, hay hombres que nunca cambian sus buenas aguas en el pensar y el obrar; por mucho que tengan que pechar piedrales bravos, caer en saltos abismales o discurrir felices, plácidamente, por los llanos del buen pasar que dan esas tres cosas que todo el mundo pide como deseo cuando sopla las velitas del cumpleaños.

Quizá el heleno, para no hacerla muy lunga porque se le hacía la hora de las cuadreras y le había dado una fija su amigo Quinto Sosio Seneción (de éste tampoco le pondría el nombre a un hijo mío ni borracho), no quiso referirse a los ríos que, muy a pesar de lo dicho con indiscutible autoridad filosófica, nunca cambian: los ríos de la bondad profunda, de la gratitud permanente, del amor genuino, de la hermandad acorazonada, de la amistad inquebrantable...

Quizá, en el apuro de cerrar la verdulería sin dejarse algún cajón en la vereda, se olvidó de decir que nunca cambian los ríos del respeto a ultranza por el que piensa diferente, los ríos del estar siempre atentos y dispuestos a socorrer al familiar o al amigo que las está pasando amargas, sufriendo en silencio algún dolor del cuerpo o del alma sin decir esta boca es mía o hacer un mínimo gesto que lo delate para no angustiar a los que ama, preocupar a los amigos... Esos ríos que son, de hecho, lo mejor de la condición humana.

Tal vez, y esto corre por mi cuenta, Heráclito no quiso hablar de esos ríos que nunca cambian, de puro vagoneta que era, nomás. Porque vagos hay en todas las profesiones. No hay que ser filósofo para saber eso. Y menos griego. Pero no nos vayamos por las ramas; como dijo el que estaba podando un árbol y serruchó justo en la que estaba sentado.

En los tiempos que corren, lejos de aquella antigua Grecia en la que los filósofos tuiteaban en piedra, lo que debe haber sido una verdadera pesadilla para los pulgares, esos ríos de lo mejor del hombre se topan con los cada vez más numerosos ríos cambiantes de fulanos y fulanas muy dados por estas horas a las redes sociales, los whatsapp y toda la parafernalia cibernética, pero cada vez menos humanos.

Fulanos y fulanas que no sólo no son nunca el mismo río, sino que además de cambiar a cada rato las aguas de sus principios, sus convicciones, sus amores, sus amistades, sus lealtades, cambian también de curso según de dónde sople el viento y de qué lado caliente el sol. Y como si fueran pocas sus agachadas, hasta levantan diques de hipocresía para contener a sus congéneres no cambiantes; evitando mirarse en sus espejos de agua sana; no sea cosa de que allí vean reflejadas sus propias indignidades.

Para mí que el Heráclito, pegando una ojeada a esas oscuridades del espíritu del hombre, borró a propósito una parte del discurso que dio en la verdulería para no dejar aun más mal parada la reputación de la hidrografía humana, si se me permite el invento conceptual y para no ser menos que el Heráclito, ¡qué miércoles!

En fin, como el asunto no es nada fácil de arrear y menos para alguien como el que suscribe, que es más vecino de la ignorancia que de los filósofos de la antigua Grecia, lo dejo acá nomás, antes de que me cobren el impuesto por escribir al vicio.

Hasta el próximo dique. (Si es que gana el alazán de don Plutarco y tengo para pagar la Banda Ancha)

LA ESENCIA DE LA AMISTAD HECHA CANTO

En esta abrigadora charla entre dos hermanos de letras provincianas, Iván Faisal y Danilo Gallay, aparece la esencia de la amistad hecha canto. La vida misma, bah...
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Para algunos pibes, la música no es sólo rock y otros ruidos de extranjería.

Cantar con los hijos es uno de los placeres que no tienen emparde en la vida. Y bueno, como uno trata de no privarse de ninguno de ellos, acá va...

CHAMUYOS DE BANDONEÓN

Muchas gracias a la gente de Radio Raíces Argentinas, de Los Ángeles, California, EE.UU, por difundir nuestra música, nuestra cultura, nuestras tradiciones desde su emisora para el mundo. A Rafael Orsi, Alicia Taibo, que me honraron reproduciendo mis "Chamuyos de bandoneón" en su progama "El Rincón del Tango". Abrazo gaucho, paisanos.


EL CANTO SANTAFESINO EN COSQUÍN

EL CANTO SANTAFESINO EN COSQUÍN
(*) Nota reproducida por el Sitio Oficial de Orlando Vera Cruz

DE CUANDO EL PERIODISMO ERA PERIODISMO

DE CUANDO EL PERIODISMO ERA PERIODISMO
Elio Passaglia, periodista "de los de antes", con todo lo que ello implica, viendo lo que hay hoy sobre el mostrador. Co-fundador y Director Periodístico de Meridiano 61, el primer periódico editado en su ciudad natal, Villa Gobernador Gálvez (SF). Fue el primer periodista que dio esa ciudad y el primero en realizar allí la primera transmisión radial desde exteriores de una emisora de Amplitud Modulada (LT3 Radio Cerealista de Rosario), donde integró como periodista de Turf, especializado en Pedigree, el equipo de "Mesa Redonda del Deporte", uno de los programas deportivos de mayor audiencia de los años '60, conducido por el entonces director general de LT3, el prestigioso y recordado Antonio Noya. Como uno de los pioneros de la radiofonía cableada en Villa Gobernador Gálvez (antecesora de las FM), produjo y condujo los programas de mayor audiencia de la radiofonia local en su tiempo.


Siempre vuelve a mí su voz en el viento. Y de ella se nutrirá por siempre mi corazón, como lo hizo desde que me trajo al mundo. Ahora le canto, donde quiera que ande su alma buena...

CUENTOS DE POCO FIAR
Por Don Bolacero

EL ENMIENDO


Hombre que supo ser muy acertado para errar, el Enmiendo Benítez, que no era nombre de pila; le decían así porque ya de recién nacido, nomás, tuvo que entrar a enmendar errores. Les parecerá que exagero, pero me quedo corto.

Todavía no había aprendido ni a enfocar las vistas el pobre Enmiendo cuando la vida ya le estaba pidiendo un adelanto a cuenta de los errores que iba a cometer en el futuro inmediato, mediato y vitalicio.

Como sería, que cuando el padre lo fue a anotar en el Registro Civil, va que al escribiente se le vuelca el tintero encima de "Rosendo" y no le quedó otra que hacerle una enmienda. Y como el padre era muy aficionado a la ignorancia, no tuvo mejor ocurrencia que decirle al escribiente que le pusiera así: Enmienda, "pero pa' varón", dijo. Pero no nos detengamos en cosas menores y entremos de lleno al asunto de marras, que no sé muy bien qué quiere decir pero hace juego con el modo de marrar del Enmiendo.

Cómo habrá sido de errador serial el Enmiendo, que cuando lo reclutaron para la conscripción y el sargento le ordenó "¡Carrera mar...!", salió como tiro para el lado de Mar del Plata. Y lo peor es que llegó.

Y ya que estaba ahí, se quedó a vivir y a ejercer su profesión, que era encontrar cosas antes de que las perdiera el dueño.

Y claro, no pasó mucho tiempo para que cayera preso por desertor y algunos contratiempos del oficio. Y ahí fue, justamente en la comisaría, donde sin ningún asomo de duda (al menos para mí, que en mi vida vi asomarse una duda por encima del tapial, ni de atrás de las cortinas), cometió el error más garrafal de su vida y sin siquiera un gasista matriculado para que le buscara alguna solución.

Resulta que el comisario se iba de vacaciones y como en la comisaría había escaso personal lo pusieron al Enmiendo de reemplazo. Tan a pecho se había tomado el cargo, que va que un día que el cabo de guardia trajo detenidos a tres sospechosos que había levantado en la playa, el Enmiendo, para hacer méritos rápido en la carrera policial, no tuvo mejor idea que anotar en el Libro de Guardia: "Se prosederá a afusilar a las 20:00 hs. del día de la fecha a tres prófugos detenidos en esta sesional, en cumplimiento de lo establesido por el código penal de la costitusión nasional. Firmado: Comisario Preso en Comisión: Enmiendo Benítez".

Menos mal que como a la hora, hora y media, se apersonaron en la seccional los de Prefectura, que andaban al rescate de tres náufragos de un barco japonés que se había hundido hacía un par de días frente a las costas marplatenses de Santa Teresita del Tuyú (según los propios japoneses, que mucho de geografía bonaerense no sabían), que si no...

La cuestión es que ese error de interpretación policial le salió bien caro, porque cuando el comisario volvió de las vacaciones le metió tal sumario que el Enmiendo terminó declarando indagatoriamente en los Tribunales. "Un error de caligrafía lo tiene cualquiera. Aparte yo no entiendo el japonés", dijo cuando el juez le preguntó cómo podía ser tan animal.

El propio juez pudo comprobar en persona que el mayor error que había cometido el Enmiendo era haber nacido tan desafortunado para el acierto el día que lo invitó a su casamiento con la Varodicta Maidana, que tampoco era nombre: le decían así porque era muy adicta a los varones.

El asunto fue que cuando el cura llegó a la parte que dice "Si alguien tiene algo que decir y por lo que este matrimonio no pueda celebrarse, que hable ahora o calle para siempre", va que salta el Enmiendo y dice: "¡Yo!". Y ahí nomás el cura lo paró en seco: "Usted se calla porque es el novio", lo que le sacó un gran peso de encima a la Varodicta, que a esa altura ya había consumado varias veces el matrimono con el Enmiendo y unos cuantos amigos de él y el vestido blanco le quedaba bastante ilegal.

Y ni les cuento del tremendón error que cometió cuando le nació el primer hijo.

Ni les cuento.


DE AMIGOS DE SILBIDOS EN LA HUELLA
que alumbran el camino

Como para progresar con amigos así...

Como para progresar con amigos así...
Pablito Gómez, periodista cacique de Carcarañá, autorreferenciado como "el mejor de todos", en Villa Gessel, "leyendo" Silbidos en la Huella. Gracias, Pablito, no me ayudes más... (Y encima se puso arriba la bandera del Cremero, que hace desde 1810, cuando era presidente del club el Virrey Cisneros, que no ganan una copa)
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